jueves, 15 de diciembre de 2011

Cigiendo las rreglas

Komo cienpre e creido qe deve etsistir aljo qe regule el vuen uzo del hidioma i como ce zupone qe la rreal akademia ez la que "linpia, fija i da ezplendorr" a nueztro idioma i como ésta insitusion lla dijo qe se pueden, por egenplo, eliminar asentos cuando no aiga confucion, pues ovediente como soi, escrivo ésto para unirme ha la "crusada de la vuena fonetica, aunke balga madrez la hortojrafia", inisiada por este orjanismo tan rrezpetavle.

Los biejitos qe desiden cuando ce puede uzarr un asento y cuando no de sejuro qe zaltaran de alejría cuando bean qe tienen un serbidorr leal y dispuezto a aserles cazo. Llo soi ece segidor que save escrivir de manera qe ce entienda, o algien puede desir qe no entiende ésto.

Algo similar puede ser cierto si se escribe con el criterio de que "mientras no exista confusión, los acentos diacríticos son opcionales", pues si los acentos son opcionales, no veo por qué no lo sea también el uso indistinto de b o v, de s, c y z, de j y g. No veo por qué no eliminar la muda h o utilizar a la i como conjunción.

Me seguirá siempre pareciendo un sinsentido dejar la ortografía a la decisión personal, que pueda ser argumento para fomentar la holgazanería, la flojera o eliminar la precisión verbal.

domingo, 30 de octubre de 2011

El Tentero

Entre la gravedad y la grave edad, entre extrañar y extra arañar, entre quieres y quien eres, entre mal dormir y peor despertar, entre tengo mil palabras que ruegan por salir y tengo mil razones por no dejarlas, entre caer y caer, entre tanta cosa, apenas tengo tiempo para escribir un poco. Pero no es por cosas tristes o intensas que no escribo con la constancia que quisiera y debiera, no, es algo mucho más amable: después de mucho tiempo de mimos, de gestarlo con mucho cariño, de cuidar todos los detalles, al fin pudimos sacar a la luz pública EL TENTERO, periódico infantil de distribución gratuita, que pretende divertir de manera inteligente, que quiere despertar o fortificar el hábito de la lectura entre los niños.
Este periódico está creado con mucho cariño y cuidado, con un respeto infinito por los niños, entendiendo que no son tontos o adultos incompletos, sino seres inteligentísimos, con claves generacionales propias, ávidos de aprender y aprehender el mundo. EL TENTERO quiere demostrar que la capacidad crítica y el aprendizaje no tienen por qué estar peleados con el buen humor y la risa, no tienen porque ser solemnes y estar vestidos de aburrimiento.
Bueno, ya mañana lunes 31 de octubre de 2011 nos entrega la imprenta el número 2 del periódico y comienza la distribución.
Quienes hacemos ELTENTERO tenemos muy buenas intenciones pero con eso no se puede subsistir: de nuestra bolsa hemos solventado las dos primeras impresiones y la distribución, y, créanme, es muy caro. Si no llegan los patrocinios pronto, el periódico quedará sólo en su formato virtual o, peor aún, quedará como un magnífico proyecto que ayuda a la transmisión de la educaión y la cultura en nuestro país, pero que no puede vivir por falta de recursos.
Ojalá que las autoridades a las que nos hemos acercado volteen su vista a este periódico nacido de la mejor intención y apoyen sus ganas de incidir en los hábitos de lectura de la infancia de nuestro país.
La dirección del periódico es www.eltentero.com.mx y ahí se puede ver la versión descargable, juegos, biografías de los reporteros y un montón de cosas más. De igual forma están los enlaces a facebook y a twiter. Ojalá que quien lee esto se interese y nos recomiende.

sábado, 20 de agosto de 2011

NO LO VUELVO A HACER

Me gusta escribir. Me gustan las mujeres. Eso es una mentira: me encantan las mujeres. Frente a ellas me asumo incapaz, incompleto, torpe, cursi, vulnerable, débil. Pero, no es puro fatalismo; de hecho, lo antedicho es lo menos sentido. Cuando una mujer vence el instinto de supervivencia y el sentido estético y se atreve a compartir tiempo conmigo, siento como si el cuerpo no existiera y flotara muy suavecito, como si pudiera vencer a cualquier gigante poderoso, como si el lenguaje se hubiera inventado para ella y para mí nada más.


Lo malo es cuando se juntan mis dos pasiones. Una vez me enamoré. Juro que fue una sola vez y no lo vuelvo a hacer. Escarmenté.


Las letras son mi amor eterno y ella era la mujer más bonita del mundo, así que decidí unir esos amores y pensar que al fin había llegado mi momento, que amor de tinta y de sangre era posible, que debía soltar el lazo de la desesperanza… y me fui, me dejé, me permití soñar, di permiso a mi cursi interno de escribir mil y un ridiculeces para cantar la hermosura de la inteligencia del cuerpo del alma de la perfección en persona… ¡hermanos, qué regada! Salí apaleado, mi mente se perdió, me comportaba como un adolescente inexperto, como un obseso inaguantable, como quien perdió todo sin haber tenido nunca nada. Estaba irreconocible: mi raciocinio era obnubilado por la tristeza, sólo quería estar con ella, quería que me quisiera la mitad de lo que yo la amaba, quería escribir la mejor obra literaria para que quisiera quedarse conmigo aunque fuera para presumir, quería que me viera con sus ojos de incendio… se asustó… no me quería, nunca me quiso.


Debo decir en mi defensa que ella daba mensajes muy equívocos: parecía quererme, parecía que le encantaba estar cerca de mí, parecía que le gustaba mi hórrida presencia, en fin, cualquier ser humano medianamente normal hubiera pensado que era correspondido. Fue terriblemente doloroso, tanto que todavía lo recuerdo y eso que aún no terminaba la primaria.


Desde entonces entendí que no se puede amar a dos perfecciones: cuando amo, no escribo; cuando escribo, no amo.

domingo, 10 de abril de 2011

ALICIA

Mi madre se llama Alicia y tiene 81 años. No voy a decir que fue un ejemplo de cariño y ternura, pero a cambio nos dotó de un carácter particular, fuerte ante las adversidades, sin autocomplacencias, ajeno a pedir, apto para minimizar el dolor, objetivador y racional. No podían esperarse excesivas muestras de amor de quien tuvo que criar once niños, once seres independientes y pedinches, diferentes todos, demandantes. La paciencia no podía exigirse, la minuciosidad individual era imposible. Hoy el mundo no le gusta más. Se aleja poco a poco de la realidad, se queda con sus recuerdos mejores. Hoy recuerda a su padre --muerto antes de su nacimiento-- y la visita que le realizó en la cuna para darle unas monedas, muestra de que nada le faltaría en este mundo hoy irreal para ella.

El doctor le diagnosticó una serie de padecimientos que le recuerdan el pasado pero le borran el presente inmediato.

Qué sabe él.

Mamá Alicia está buscando su país de las maravillas, en donde el dolor no la alcance, donde los recuerdos que lastiman se van, son de otros no de ella. Allá podrá platicar con su gato risón y su falsa tortuga, con la oruga sabia y podrá de nuevo correr tras la liebre. Aquí ni caminar puede, la palabra le llega en pequeñas dosis.

Mamá Alicia volverá a ser la niña con los ojos bien abiertos ante el mundo nuevo, todo lo que de pequeña imaginó se lo otorgará a sí misma porque lo merece, ya cumplió en esta otra estúpida, árida y maloliente realidad.

La están esperando sus hermanos, su madre, ahí sí podrá jugar con su papá y preguntarle quiénes son esos que la cuidan y le dan pastillas, esos que le decimos mamá. Y su padre la cargará en hombros y le ayudará a ver el mundo desde una altura distinta.

En su nuevo mundo, sólo de ella, tendrá los quince centímetros más que el destino le negó de este lado, los ojos de color claro que siempre soñó. Acá tuvo hermosos ojos muy muy oscuros, serios, retadores, casi espejos.

Alicia está entrando a su nuevo país de las maravillas y se va a quedar ahí porque siempre estuvo a su lado, susurrándole al oído que pronto conocería esas tierras que son de ella, para ella, que la esperan desde que nació, que tanto dolor sólo era su viaje iniciático, la prueba de que merecía estar ahí. Y ganó.

jueves, 24 de marzo de 2011

LA PRINCESA Y EL GUISANTE (VERSIÓN REINA-SUEGRA)

Qué fácil es engañar a los hombres, sobre todo si creen que ellos son los que te engañan. Convivo con dos y es lo mismo que conocerlos a todos: sólo la carne los motiva, sólo la lujuria les da fuerza. Es divertido fingir que son tan listos que no noto nada.

El príncipe, mi hijo, no puede negarse a sus instintos animales, es decir brutos, es decir, irracionales, es decir de hombre. Me viene con la cantaleta de que quiere casarse con una “princesa verdadera”… yo sé lo que busca: carne blanca, joven, nueva. El rey, su padre, no es menos lascivo: cree que no sé lo que sus ojos graban de cada joven que ve, siempre se le queda el rastro de la voluptuosidad.

Se casa mi hijo y su esposa sabe que yo sé la verdad. Cómo recuerdo esa noche, esa tormenta, esas miradas llenas de dientes listos para comer su piel que se mostraba a través de la ropa mojada. El rey, mi esposo, la vio desde la ventana y se ofreció ¡a abrir él personalmente la puerta! Vi lo que él vio: ese cuerpo joven y húmedo. Cree que creí en su súbita amabilidad; después el príncipe, mi hijo, apenas pudo disimular esa erección en presencia de todos al ver a esa mujer-mar que mojaba todo a su paso. Cuando ella me vio y pidió asilo ambas sabíamos que esa era su primera noche como futura princesa: conocemos el cuerpo masculino más que ellos mismos: sabemos que no piensan con el cerebro: “mi reino por un orgasmo”.

Le ayudé con la escenografía, siempre fui buena con la actuación. Eso del guisante y los colchones fue perfecto: conozco a mi hijo, conozco a los hombres y no hay puerta que impida saciar el hambre de mujer cuando está tan cerca. Los escuché toda la noche; escuché esos testimonios de juventud y energía. Soy reina porque soy lista y sé cuando no debo pelear sino hacer alianzas y esa mujer entró con su ejército de lujuria y piel perfecta: enfrentarla era perder. Ambas somos poderosas: yo el poder real presente, ella el futuro. Por eso preferimos asociarnos sin firmas de por medio: temprano aseguró no haber podido dormir por el ridículo guisante y mostró como evidencia los cardenales de su cuerpo que fueron causados realmente por dientes y dedos y uñas reales y reales.

Todos asentimos, todos sabemos que mentimos y todos sabemos que eso es la felicidad.

viernes, 7 de enero de 2011

FÁBULA DEL DESODORANTE AMBIENTAL


No podía con su vida y triste deambulaba con su carga inútil, por lo menos es lo que sentía el pobre desodorante ambiental. Antes era el aerosol más feliz de cuantos se conocen, pues no era desodorante para cuerpo ni para pies ni aceite de cocina en aerosol ni pintura ni nada de esas tonterías, era un desodorante ambiental que presumía de su doble utilidad: neutralizar y aromatizar.
Cumplía cabalmente su función hasta que se encontró con un malvado agitador de conciencias que al solamente verlo le preguntó: ¿cómo haces para no neutralizarte a ti mismo, cómo sabes qué aroma neutralizar sin neutralizar tu aroma?
El pobre desodorante se quedó sin habla y nada pudo contestar. Quizá la mudez no hubiera sido un problema tan grave en alguien de su oficio, pero pensaba y pensaba en la pregunta que le hiciera tan mala persona y de tanto pensar ya no pudo cumplir su función: ni neutralizaba ni aromatizaba, pues temía no neutralizar o excederse en su función y negarse a sí mismo.
Claro que fue al psicoanalista quien lo escuchó atenta y sabiamente, con su barba infaltable y su paciencia de santo (cada hora la cobraba carísima). Le dijo con palabras mucho más bonitas que las que leerán: la respuesta está dentro de ti, sólo falta que la encuentres, y por ello lo dejó casi en bancarrota.
Sin embargo, nada de respuestas, dentro de él sólo encontraba aroma y su neutralizador. Sentía que era dos al mismo tiempo.
Fue a la religión y el gran intermediario de Dios en la tierra le dijo: estarás como perdido mientras no te dejes llenar con la luz divina. Y pues la luz divina que ni llegaba y que además ni cabía.
La historia termina con el desodorante ambiental viejo, solo, inútil y confundido, jamás supo encontrar la respuesta ni el sentido de su vida.
Estoy seguro de que debe haber una moraleja, pero no la sé o ya la olvidé.