viernes, 7 de enero de 2011

FÁBULA DEL DESODORANTE AMBIENTAL


No podía con su vida y triste deambulaba con su carga inútil, por lo menos es lo que sentía el pobre desodorante ambiental. Antes era el aerosol más feliz de cuantos se conocen, pues no era desodorante para cuerpo ni para pies ni aceite de cocina en aerosol ni pintura ni nada de esas tonterías, era un desodorante ambiental que presumía de su doble utilidad: neutralizar y aromatizar.
Cumplía cabalmente su función hasta que se encontró con un malvado agitador de conciencias que al solamente verlo le preguntó: ¿cómo haces para no neutralizarte a ti mismo, cómo sabes qué aroma neutralizar sin neutralizar tu aroma?
El pobre desodorante se quedó sin habla y nada pudo contestar. Quizá la mudez no hubiera sido un problema tan grave en alguien de su oficio, pero pensaba y pensaba en la pregunta que le hiciera tan mala persona y de tanto pensar ya no pudo cumplir su función: ni neutralizaba ni aromatizaba, pues temía no neutralizar o excederse en su función y negarse a sí mismo.
Claro que fue al psicoanalista quien lo escuchó atenta y sabiamente, con su barba infaltable y su paciencia de santo (cada hora la cobraba carísima). Le dijo con palabras mucho más bonitas que las que leerán: la respuesta está dentro de ti, sólo falta que la encuentres, y por ello lo dejó casi en bancarrota.
Sin embargo, nada de respuestas, dentro de él sólo encontraba aroma y su neutralizador. Sentía que era dos al mismo tiempo.
Fue a la religión y el gran intermediario de Dios en la tierra le dijo: estarás como perdido mientras no te dejes llenar con la luz divina. Y pues la luz divina que ni llegaba y que además ni cabía.
La historia termina con el desodorante ambiental viejo, solo, inútil y confundido, jamás supo encontrar la respuesta ni el sentido de su vida.
Estoy seguro de que debe haber una moraleja, pero no la sé o ya la olvidé.

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