jueves, 29 de enero de 2009

PROTEO

El vacío no es espontáneo. La cotidiana rutina lo labra. Hace años que empecé a luchar contra la costumbre. Tengo multitud de nombres: ayer me llamaba Gorgonio, antier Jacinto, hoy Esteban. He sido niño, joven, adulto, anciano, prostituta, tendero, poeta, drogadicto, Raúl Velasco, muerto, homosexual, monja, perro policía, libreta, cigarro y casi cualquier cosa que se les ocurra he sido.
Todo por luchar contra la costumbre.
Un día sí como y cuando me acostumbro a comer, pues sigo comiendo. A veces duermo, a veces pienso, a veces hago nada, como cuando me dedico a trabajar como piedra.
Cuando la gente está aburrida por la costumbre, llego a salvarlos asombrándome de todo. Una vez me metieron a un manicomio por asombrarme de que un señor podía y sabía caminar.
De todo he hecho, de todo he sido, de todo he probado.
Hoy termino con eso, hoy escuché: mira, decían mientras me señalaban, es el hombre que acostumbra romper la costumbre.

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